El cuerpo está presente en todo lo que vivimos
Vivimos gran parte de nuestra experiencia desde el pensamiento. Intentamos comprender qué nos ocurre, encontrar explicaciones, ordenar lo vivido o anticipar qué deberíamos hacer. Pero no todo se presenta en forma de palabras.
La conciencia corporal nos permite dirigir la atención hacia lo que ocurre en el cuerpo y entrar en contacto con lo que aparece. Al profundizar en las sensaciones, pueden surgir emociones, necesidades o impulsos que quizá en otro momento no pudimos expresar, atender o sostener.
Dar espacio a lo que emerge y trabajar con ello desde el presente puede ayudarnos a integrar o transformar aquello que todavía permanece activo.
Hay cosas que el cuerpo sabe antes de que podamos nombrarlas
LO QUE APRENDEMOS SIN RECORDAR
El cuerpo también guarda memoria
Cuando hablamos de memoria solemos pensar en recuerdos que podemos evocar conscientemente. Pero existe también una memoria implícita, que recoge aprendizajes y experiencias sin necesidad de que podamos recordarlos o narrarlos de forma consciente.
Esta memoria puede manifestarse a través de emociones, sensaciones corporales, patrones de tensión, impulsos o respuestas automáticas. Es lo que podemos entender como memoria corporal: el organismo responde desde aprendizajes anteriores aunque nuestra mente no los esté recordando.
Esto adquiere especial relevancia en experiencias de estrés intenso o trauma. El trabajo corporal puede ayudarnos a entrar en contacto con esas respuestas desde el presente y explorar las emociones, asociaciones, imágenes o recuerdos que puedan emerger, sin necesidad de buscar ni reconstruir un recuerdo determinado.
OTRAS VÍAS DE EXPLORACIÓN
Más allá de lo que podemos pensar
El trabajo puede comenzar prestando atención a una sensación corporal. Otras veces, podemos trabajar a través del movimiento, el gesto, la postura, la voz, la visualización o distintas formas de expresión.
El cuerpo constituye una vía de acceso a aspectos de nuestra experiencia que no siempre están disponibles para el pensamiento consciente. A través de diferentes herramientas y dinámicas, podemos profundizar en aquello que estamos explorando, favorecer el contacto con determinadas sensaciones o emociones o abrir nuevas vías cuando el proceso lo requiere.
La respuesta de cada persona nos orienta también sobre cómo continuar y permite adaptar la propuesta a lo que está ocurriendo en ese momento.
Este trabajo puede acercarnos a asociaciones, recuerdos, emociones, necesidades o impulsos que no habían encontrado una forma de expresarse y permitirnos trabajar con ellos desde el presente.
Profundizar en la experiencia a través del cuerpo
En mi manera de acompañar, el trabajo con las sensaciones corporales adquiere una presencia especialmente importante y se amplía a través del movimiento, la expresión y otras herramientas de conciencia corporal.
Mi propia trayectoria de más de veinte años explorando el cuerpo y el movimiento atraviesa también mi forma de trabajar. El cuerpo no es únicamente una fuente de información sobre el conflicto, sino también un espacio desde el que entrar en contacto con la experiencia y trabajar con aquello que emerge.
La biodescodificación nos ayuda a orientar la búsqueda y comprender el contexto del conflicto; el trabajo experiencial nos permite profundizar en cómo se manifiesta y acompañar aquello que va apareciendo durante el proceso.